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HERIDAS LUMINOSAS


Cuando es preciso sangrar para curar heridas,
pero para ello hay que tener el valor
de levantar las costras de la vida acumulada
que nos engaña y disimula el desgarro.
La VIDA aguarda, y su tiempo es perfecto,
a que hayamos aprendido a resistir
y a mano nos acerca la herramienta
nos levanta la venda de los ojos
y ahí sí, con una ternura inusitada,
comprendemos que todos somos herida
y que los bordes al rozarse duelen
y que hay que lavarla una vez más
lágrima a lágrima,
hasta que sea sólo luz lo que supura.


BEGOÑA ABAD

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A ti…

«A ti, que amas mis cicatrices,
que pasas por ellas el dedo de la ternura
y las pronuncias
como el arte de las catedrales,
gótico, románico, dices.
A ti, que ves mi oscuridad
y la nombras alba.
A ti, que me ves cuando más me desdibujo
y recoges los pedazos
de la quebrada porcelana que soy en ocasiones.
A ti, que te encuentro siempre,
cuando incendio las distancias
y humedezco desiertos
que los demás ven en mí.
Te pongo nombre.»

BEGOÑA ABAD

El don


El don de la debilidad,
que me puso a prueba y me enseñó
mi verdadera fuerza interior.

El don de la ignorancia,
que me fue dado
y que cuanto más aprendo más crece
y me sujeta para no permitir que me pierda
en los pasillos llenos de engañosas luces
sostenidas por manos frágiles
que sólo saben cosas de este mundo.

El don de la pobreza,
en el que me crie ignorante de mi escasez
y que me hizo tan rica en inocencia
en alegría y en esperanza.

El don de la humildad,
que comienza al abrir los ojos cada mañana
y percibir que hemos respirado durante el sueño
mantenidos así por la Vida como niños a su cuidado.

El don del agradecimiento,
que se pega a las alas misteriosamente
cuando has llegado a batirlas con tanta fuerza
como para perder de vista pasado y futuro
y como un mantra repites GRACIAS
para explicar lo sucedido en ese vuelo.

El don del abandono,
ese confiarse placentero
ese humildísimo dejarse hacer,
ese aceptar liberador
que los ciegos ven como rendición.

El don de la poesía,
que existirá más allá de los poetas,
que se deja atrapar cuando ella quiere,
que germina en soledad,
que me permite ser sin disfrazarme;
ese don que se parece tanto a lo esencial.


BEGOÑA ABAD

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No iré detrás

No iré detrás,
no podrás detenerme,
no sujetaré tu paso
y no frenaré el mío.
No preguntaré hasta cuándo
y no te daré mi hora de llegada.
No diré para siempre
y borraré nunca del calendario.
No seré tu agua en el desierto
porque no quiero ser desierto, ni agua.
No te pertenezco,
ni soy capaz de ser tu dueña.
Únicamente te amo
¿tienes aún alguna duda?»

BEGOÑA ABAD


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Begoña Abad

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Las arenas movedizas del pasado,
la levedad de la herida de vivir,
cada ola que fue yendo y viniendo
a los cristales azules de sus ojos,
la trajeron a este lugar sagrado.
Ahora es ya la firmeza de la tierra
hecha árbol, la sujetan las raíces
que le hicieron crecer desde el principio,
pero sabe de su fragilidad en cada hoja
todo está ya escrito en ellas.

BEGOÑA ABAD

 

Nos quitan…

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Cada día nos despojan de algo.
Nos quitan las casas que tenemos que seguir pagando,
nos quitan el trabajo sin derecho alguno,
nos recortan la sanidad para hacer aeropuertos sin aviones, nos quitan maestros que nos enseñen a pensar
a exigir nuestros derechos,
nos quitan el derecho a protestar en las calles,
nos quitan a los jóvenes que han de buscarse el futuro lejos. Lo siguiente será arrancarnos los brazos
porque saben que abrazarnos nos da fuerza

BEGOÑA ABAD

Nacer para aprender, volar para vivir

Cada gesto de mi cuerpo,
cada respiración,
cada mirada y cada paso,
son un acto de amor
sólo porque nacen
en la conciencia de serlo.
No importa mucho si se ven como tal.
No importa siquiera si se ven.
Cuando estoy amando, yo lo sé
la tierra entera me responde
y tú, a distancia, lo respiras
y cuando exhalas el aire
ya no es lo mismo,
vuelve a mí y ya no es lo mismo…

BEGOÑA ABAD
(Nacer para aprender, Volar para Vivir)

Desapegos

el paso del tiempo y el Flysch by María José Pombo on 500px.com

Todo es dejar ir.
Dejarte mientras te rompes contra las costas de tu rabia
y amar hasta el final los restos del naufragio.
Dejarte en nido ajeno y agradecer sus luces y tus sombras.
Dejar que, como cáscaras de nuez en un mar agitado,
os perdáis en la corriente de la vida
mientras os coso sobre el pecho la confianza en ella.
Dejar que pierda brillo el ascua final
de una hoguera de sufrimientos silenciosos
en la que, en vano, busqué calor.
Y dejar que todo pase y el nudo en mi garganta se afloje, confiada,segura incluso,
de que todo llegará, como yo misma, a buen puerto.

BEGOÑA ABAD