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Ella no sabía decir NO


ELLA NO SABÍA DECIR «NO»

Siempre lista para resolver los problemas de todos.
Siempre, aunque doliera mucho. Siempre, a pesar del cansancio. Postergándose, infinitamente.
El cuerpo no pudo sostener ese camino.
Aparecieron múltiples enfermedades que no respondían al tratamiento médico.
Es que no eran bacterias, ni el metabolismo, ni virus…
Era estrés, frustración, angustia.
Nadie se dio cuenta!!!
Todos pensaban que ella siempre podía, que era la más fuerte, que no necesitaba a nadie.

En esa soledad incierta de abrazos que nunca llegaban,
de una calma no permitida,
de una demanda que nunca cesaba, de lágrimas que nunca vieron, ella tocó fondo.

Pasó a ser la solitaria, una chica invisible que siempre admiraba la luna en sus noche de recuerdos, tinta y melancolía.
Y en ese fondo de angustia e impotencia, pudo ‘darse cuenta’…

Darse cuenta que cuando no hay otros brazos, puede abrazarse sola.

Darse cuenta que el tiempo no tienen que dárselo, ella tiene que tomarlo.

Que no sirve esperar que el otro haga lo que ella haría, porque es otro.
Darse cuenta que a veces, los NO son necesarios.
La abnegación puede ser una virtud moral, pero nada tiene que ver con la salud mental..
Es sacrificio.
Y el sacrificio constante duele, enferma. Cuando das la vida por otro, la pierdes.
Es como un suicidio en cámara lenta, morirse un poco todos los días, sacrificio, dolor, enfermedad, suicidio, muerte…
Ese no es el camino, NO debe serlo!!
De ese camino sólo se sale amándose.
Amor propio, aceptación, amor por el otro, vínculos ‘de ida y vuelta’, felicidad, vida.
Ese sí es el camino,
así es mi vida.

Cuento sin príncipe ⚜

AUTOR DESCONOCIDO

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A MIS AMIGOS

La vida sobre la tierra es pasajera.

El Amor es un espejo,

pero la Amistad es un “hilo de oro”

que no se corta hasta la muerte.

¿Sabes?

La infancia pasa,

la juventud pasa,

la vejez la reemplaza

y luego la muerte nos lleva.

La flor más bella del mundo

pierde su belleza,

pero una Amistad Leal dura hasta la Eternidad.

Vivir sin amigos es

morir sin testigos

(A desconozco a su autor o autora)

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HERIDAS LUMINOSAS


Cuando es preciso sangrar para curar heridas,
pero para ello hay que tener el valor
de levantar las costras de la vida acumulada
que nos engaña y disimula el desgarro.
La VIDA aguarda, y su tiempo es perfecto,
a que hayamos aprendido a resistir
y a mano nos acerca la herramienta
nos levanta la venda de los ojos
y ahí sí, con una ternura inusitada,
comprendemos que todos somos herida
y que los bordes al rozarse duelen
y que hay que lavarla una vez más
lágrima a lágrima,
hasta que sea sólo luz lo que supura.


BEGOÑA ABAD

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A ti…

«A ti, que amas mis cicatrices,
que pasas por ellas el dedo de la ternura
y las pronuncias
como el arte de las catedrales,
gótico, románico, dices.
A ti, que ves mi oscuridad
y la nombras alba.
A ti, que me ves cuando más me desdibujo
y recoges los pedazos
de la quebrada porcelana que soy en ocasiones.
A ti, que te encuentro siempre,
cuando incendio las distancias
y humedezco desiertos
que los demás ven en mí.
Te pongo nombre.»

BEGOÑA ABAD

Decir, hacer


Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

OCTAVIO PAZ

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Palabras para Julia


Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

JOSÉ AGUSTIN GOYTISOLO

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Delirio Incrédulo


Bajo la flor, la rama;
sobre la flor, la estrella;
bajo la estrella, el viento.
¿Y más allá?
Más allá, ¿no recuerdas?, sólo la nada.
La nada, óyelo bien, mi alma:
duérmete, aduérmete en la nada.
Si pudiera, pero hundirme…

Ceniza de aquel fuego, oquedad,
agua espesa y amarga:
el llanto hecho sudor;
la sangre que, en su huida, se lleva la palabra.
Y la carga vacía de un corazón sin marcha.
¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.
Y que no lo recuerdes. Era tu gloria.

Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha
en el soplo de tu aliento.
Mira en tu pupila misma dentro,
en ese fuego que te abrasa, luz y agua.

Mas no puedo.
Ojos y oídos son ventanas.
Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;
no llego hasta la Nada.

MARÍA ZAMBRANO

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

MIGUEL HERNÁNDEZ

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Aigua

La necesidad nos alejaba de la orilla,
de la casa que nos cobijaba,
cuando alzábamos el rostro al mediodía.
Dolía el aroma del pan,
y hasta el humo de las nubes,
empujaba a la partida.
Nuestros pasos hicieron las maletas,
buscando heridas nuevas,
y nuevas cicatrices que experimentar.
Corría el tiempo,
sumergido en frágiles jardines,
mientras, en nuestros cuerpos,
la dignidad crecía.

AMPARO CLIMENT