A las orillas del Sar

En los ecos del órgano o en el rumor del viento,

en el fulgor de un astro o en una gota de lluvia,

te adivinaba en todo y en todo te buscaba,

sin encontrarte nunca.

Quizá después ha hallado, te ha hallado y te ha perdido

otra vez, de la vida en la batalla ruda,

ya que sigue buscándote y te adivina en todo,

sin encontrarte nunca.

Pero sabe que existes y no eres vano sueño,

hermosura sin nombre, pero perfecta y única;

por eso vive triste, porque te busca siempre,

sin encontrarte nunca.

ROSALÍA DE CASTRO

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